Juanita Reina, una voz para la Esperanza


Hay personas que forman parte de la historia. Y hay otras que, con su manera de sentir, de vivir y de querer, terminan formando parte del alma de una institución.

Juanita Reina pertenece, sin duda, a estas últimas.

Hoy, 25 de agosto, cuando se cumplen 101 años de su nacimiento, la Hermandad de la Macarena vuelve la mirada hacia aquella mujer que llevó a Sevilla en la voz y a la Esperanza en el corazón. Una mujer nacida en esta ciudad, hija de Miguel Reina, vecina de nuestras calles y profundamente vinculada a esta Hermandad, a la que entregó durante toda su vida una parte esencial de su cariño.

Juanita fue mucho más que una artista extraordinaria. Fue Hermana de Honor, Camarera de Honor de la Santísima Virgen de la Esperanza, gran benefactora y, para siempre, Patrimonio Inmaterial Macareno.

Desde los escenarios, las ondas de la radio y las pantallas, hizo llegar el nombre de la Esperanza a lugares donde quizá nunca habían escuchado hablar de Ella. Fue una de las primeras grandes embajadoras de la devoción macarena en la cultura popular del siglo XX. Su voz convirtió en sentimiento compartido aquello que para ella era, ante todo, una forma de vivir y de querer.

Se cuenta que, en sus giras, Juanita reservaba un sueldo más en su compañía para una mujer que no existía. Era, en realidad, la Esperanza. Una manera tan suya como entrañable de hacer que cada actuación, cada éxito y cada aplauso tuvieran también una destinataria en San Gil.

Y aquel cariño se hizo realidad una y otra vez en forma de generosidad.

En 1950 regaló a la Virgen una extraordinaria toca de sobremanto bordada en oro, plata y sedas sobre malla de oro. Décadas después, la Hermandad pudo recuperar aquella pieza para la memoria colectiva macarena mediante una réplica exacta realizada en 2024 por Francisco Carrera Iglesias, “Paquili”.

Su familia también dejó una huella imborrable. Su padre, Miguel Reina, donó el paso de misterio que Nuestro Padre Jesús de la Sentencia estrenó en 1955, una magnífica obra de talla barroca de Juan Pérez Calvo, dorada por Antonio Sánchez González y enriquecida con los altorrelieves de Luis Ortega Bru.

Y en 1960 llegaría otra de las piezas más queridas por los hermanos: la túnica del Señor de la Sentencia conocida para siempre como “la de Juanita”, diseñada por Joaquín Castilla y bordada por Ángela Navarro.

A estas donaciones se sumaron otras muchas muestras de su devoción: piezas de la candelería de plata del paso de la Virgen, los lampareros del altar mayor, un cordón de oro para las manos del Señor y distintas joyas destinadas a la corona de la Esperanza.

La Hermandad quiso entonces poner nombre a aquel agradecimiento y aquel cariño. En 1960, Juanita Reina fue nombrada Hermana de Honor.

Pero quizá ninguna de sus muchas formas de querer a la Macarena resulte tan poderosa como aquella que permaneció en su voz.

En 1964, Quintero, León y Quiroga compusieron Esperanza y Macarena, una marcha de palio concebida también como copla que Juanita popularizó desde las emisoras de radio. A través de ella, el nombre de la Esperanza llegó a miles de hogares y acompañó, además, la difusión de la Coronación Canónica de la Santísima Virgen.

Y cuando parecía que ya lo había dicho todo cantando, volvió a hacerlo como siempre: desde el corazón.

En la Madrugá de 1992, desde el balcón de la Basílica recién remodelada, Juanita Reina dedicó una saeta a la salida de la Virgen de la Esperanza. Fue una de esas escenas que permanecen en la memoria de quienes las vivieron: su voz frente a la Virgen, Sevilla en silencio y la Macarena delante de ella.

Siete años después, el 19 de marzo de 1999, Juanita Reina se marchaba para siempre.

Dos días más tarde, la Basílica se llenó para despedirla. Aquel templo al que tantas veces había llevado su voz acogió entonces su funeral, convirtiéndose también en la última casa macarena de aquella mujer que había hecho de la Esperanza una parte inseparable de su vida.

Han pasado los años, pero hay voces que no desaparecen.

La de Juanita Reina sigue sonando cada vez que una copla recuerda a la Esperanza, cada vez que alguien contempla “la de Juanita” sobre el Señor de la Sentencia, cada vez que la mirada se detiene ante las piezas que regaló a la Virgen y, sobre todo, cada vez que la Macarena recuerda a quienes no solo pasaron por su historia, sino que ayudaron a construirla.

Hoy, 101 años después de su nacimiento, la Hermandad de la Macarena recuerda a Juanita Reina con la gratitud y el cariño que se guarda a quienes fueron capaces de hacer de su amor por la Esperanza una forma de vida.

Porque Juanita no solo cantó a la Macarena. Juanita fue, para siempre, una voz de la Esperanza.



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